viernes, 18 de febrero de 2011

Espinas


El pesar de las pestañas donde posas tu casa, la ceguera angustiosa síntoma de un ligero pegamento que pega los parados el uno al otro, el olfato que alcanzas a kilómetros de distancia de un cuerpo sabor a miel y infancia, la cultura de unos nuevos labios carnosos que sacia mi sed con esa ternura que desprenden al juntarse con los mios, embadurnándolos de sabor, la sonrisa que desprende cuando sabe que mientras me diga esas palabras, estoy sonriendo, el cuello suave en el que acuesto mi cabeza, dejándola caer sobre sus hombros, las manos... las manos ligeras que sostienen mi mano en cada paseo que emprendemos hacia ningún lugar concreto...
Pero en lo mas profundo del centro de mi vida, en la cima mas grande que pudo alcanzar un fantasma de cara vuelta, en la inmensidad de un todo, aún quedan las cenizas del espíritu que maté, aún las oportunidades son una baraja de cartas que no quiero dejar volar en el intento, intentando no delatar la verdad de lo que me hace continuar, indeciso, como el aire a los árboles sus hojas ondea en un día de tristeza, plagado de nubes oscuras...
Y hace no mucho recuerdo decías que por fin de aquellas cosas que tu creías importantes me cuenta, pero la certeza de lo que en un cercano futuro puede pasar, lo que de mis sonrisas desatadas por las carcajadas llegue a su fin, es un puñal que clavas cada vez dos metros mas a dentro de mi, impidiendo que me mueva, rebotada por la falsedad, esa cara que gana a la honestidad.
Por eso, cada vez que yo de mi verdadera listeza no ando muy suelta, cada vez que mis rebotes son por cosas tan insignificantes como un grano de arroz, o simplemente, la contrariedad de la felicidad se hace de notar y tu mirada canta sin disimulo... trato de guardar mis razones... para continuar... contigo... o con lo que quede de ti.

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